Autismo

¿Por qué está solo en el recreo?

En resumen

En un estudio con 51 alumnos autistas y 51 compañeros no autistas, el primer grupo pasó alrededor del 30 % del recreo en actividades solitarias, frente al 9 % del grupo de comparación. El dato no indica si cada niño quería estar solo. Para saberlo hay que observar, preguntar de una forma accesible y comprobar si existe rechazo, acoso, sobrecarga o dificultad para entrar en los juegos.

Por qué el recreo resulta difícil para algunos alumnos

El patio tiene menos estructura que el aula. Los grupos cambian deprisa, muchas reglas no se explican y el ruido dificulta la comunicación en algunos momentos. Saber que se quiere jugar no resuelve cómo pedir turno, interpretar una negativa o encontrar una actividad compatible con los propios intereses.

Estar solo tampoco significa siempre sufrir. Algunos alumnos buscan unos minutos sin conversación ni ruido. Otros permanecen cerca del grupo, observan o intentan participar sin conseguirlo. La distancia física, por sí sola, no basta para distinguir ambas situaciones.

Qué debe comprobar el colegio

  • Preguntar al alumno qué hace, qué le gustaría hacer y qué situaciones evita.
  • Observar varios recreos, no un único día.
  • Comprobar si hay burlas, exclusión, miedo o refugio frecuente en baños y zonas sin vigilancia.
  • Ofrecer actividades con reglas claras, clubes de interés o un lugar tranquilo sin convertirlos en la única opción.
  • Facilitar la entrada a una actividad mediante un adulto o un compañero formado, sin obligar a mantener una amistad.
  • Revisar después si el apoyo ha aumentado la participación que el alumno deseaba.

El objetivo no es que todos los alumnos pasen el recreo conversando. Es que puedan elegir entre descansar, jugar y relacionarse sin quedar excluidos ni exponerse al acoso.

Preguntas frecuentes

¿Y si prefiere estar solo?

Esa preferencia debe respetarse. También hay que comprobar que sea una elección y que disponga de alternativas si quiere participar.

¿Debe intervenir el colegio?

Sí, cuando existe exclusión, acoso, malestar o una dificultad de acceso a las actividades. La intervención debe ajustarse a lo que el alumno quiere y necesita.

¿Ayuda asignarle un compañero?

Bien planteado, facilita una actividad concreta, pero no debe imponer una amistad ni convertir siempre al mismo niño en cuidador. El apoyo necesita supervisión adulta.

Fuentes

Locke, J., Shih, W., Kretzmann, M. y Kasari, C. (2016). «Examining playground engagement between elementary school children with and without autism spectrum disorder». Autism, 20(6), 653–662. Consultar el estudio.

La ausencia reiterada, el miedo al recreo o un cambio brusco de conducta deben investigarse con el alumno, la familia y el centro.

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