Autismo

Niños autistas en las redes sociales: cuándo compartir se convierte en exposición

En resumen

Muchas familias hablan de sus hijos en las redes porque necesitan encontrar a otras personas que viven algo parecido. Buscan información, comprensión o un lugar donde no tener que explicarlo todo desde el principio. Eso es real y es legítimo.

El problema empieza cuando se publican las crisis del niño, sus dificultades con la higiene, sus informes médicos o los momentos en los que peor lo está pasando. A veces, además, esos vídeos generan visitas y dinero. El derecho de una familia a publicar imágenes de su hijo no resuelve la cuestión. También importa qué está enseñando, a quién pertenece esa intimidad y qué sentirá ese niño cuando sea adulto y encuentre sus peores momentos en internet.

Publicar fotografías, vídeos o información sobre los hijos en internet se conoce como sharenting, una palabra formada por share —compartir— y parenting —crianza—. Las estimaciones cambian según la muestra, la plataforma y lo que cada estudio considera una publicación sobre menores, por lo que no existe un único porcentaje aplicable a todas las familias españolas.

Pero no todas las publicaciones son iguales. Una fotografía de un cumpleaños enviada a un grupo familiar no es lo mismo que grabar a un niño mientras llora, se golpea, pierde el control o necesita ayuda para asearse. La diferencia está en lo que se enseña y en si el niño podrá decidir algún día qué quería contar sobre sí mismo.

Buscar a otras familias no es el problema

Las familias de niños autistas o con otras discapacidades se sienten muy solas en algunos momentos. Muchas utilizan las redes para hablar con personas que entienden sus dificultades, pedir consejo o compartir algo que les ha servido. Los estudios recogen esa búsqueda de apoyo como uno de los motivos por los que las familias publican contenido sobre sus hijos.

Este artículo no habla de una madre que cuenta una dificultad sin identificar a su hijo ni de una familia que comparte una fotografía con cuidado. Habla de las cuentas que enseñan las crisis del niño, sus bloqueos, sus problemas para comer, sus conductas, sus visitas médicas o sus dificultades con la higiene. Habla de niños que aparecen una y otra vez en vídeos que ven miles o millones de desconocidos.

En algunos canales familiares, los padres graban al niño, explican al público lo que supuestamente siente y deciden qué partes de su vida se publican. Al mismo tiempo, son quienes reciben las visitas, los seguidores y los ingresos. Si el niño no habla o no sabe explicar cómo quiere aparecer, todo lo que el público conoce de él pasa por la versión de la persona que graba y cobra por el contenido.

La pregunta no es si esos padres quieren a sus hijos. La pregunta es si quererlos les da derecho a enseñar su intimidad.

Cuando una crisis se convierte en un vídeo

En las redes hay vídeos de niños autistas llorando, sufriendo una sobrecarga, golpeándose o agrediendo a alguien durante una crisis. También se publican accidentes relacionados con la higiene, dificultades para comer y momentos en los que el niño está bloqueado y no consigue responder.

Algunas cuentas editan esos vídeos con músicas virales, títulos llamativos o frases que buscan que la gente se quede mirando. Hay familias que justifican esas publicaciones diciendo que quieren «dar visibilidad» al autismo. Pero no hace falta enseñar a un niño mientras sufre para explicar qué es una sobrecarga. Es posible hablar de lo ocurrido después, sin mostrar su cara ni publicar el momento en el que no podía protegerse.

También es posible explicar la realidad de una familia sin enseñar el cuerpo del niño, sus informes médicos, su miedo o una conducta que lo avergüence cuando sea mayor. Los estudios diferencian entre las familias que hablan de la discapacidad con cuidado y las cuentas que convierten al niño en contenido. Cuando se publican sus momentos más íntimos y esos vídeos, además, producen dinero, el niño pierde el control sobre una parte de su vida que le pertenece.

Por qué un niño autista necesita más protección ante esta exposición

Todos los niños tienen derecho a la intimidad y a decidir, cuando puedan hacerlo, cómo quieren aparecer ante los demás. Algunos niños autistas tienen más dificultades para comprender lo que significa una publicación en internet o para expresar que no quieren ser grabados.

Ve la cámara sin entender lo que ocurrirá después

Un niño sabe que su madre lo está grabando, pero no necesariamente comprende que ese vídeo se publicará, que lo verán desconocidos, que podrá descargarse y que quizá siga circulando muchos años después. Tampoco guardar silencio significa aceptar. Un niño que no habla, que está bloqueado o que no entiende la pregunta no está dando permiso. Cuanto menos pueda comprender o decidir, más deben proteger los adultos su intimidad.

Se publican datos que pertenecen a su vida privada

El diagnóstico de autismo es un dato de salud. También lo son los tratamientos, la medicación, los informes médicos y muchas de las dificultades que se cuentan en estas cuentas. Una crisis, un problema de higiene o una dificultad para comer no son una anécdota familiar. Son momentos privados que el niño no ha elegido contar.

El vídeo sigue ahí cuando el niño crece

Ese niño llegará a la adolescencia y a la vida adulta. Tendrá compañeros, buscará trabajo, conocerá a otras personas y querrá decidir qué cuenta de sí mismo. Pero sus crisis quedan expuestas en internet, vinculadas a su nombre y a su cara, y otras personas tienen la posibilidad de descargarlas, copiarlas y volver a publicarlas aunque la familia borre el vídeo original. Lo que hoy recibe miles de visitas termina siendo, en algunos casos, una humillación que el adulto nunca eligió.

No todos los que miran lo hacen con buenas intenciones

Los vídeos reciben apoyo, pero también burlas, insultos y descargas fuera del control de la familia. La Agencia Española de Protección de Datos advierte de que una imagen contiene información sobre lugares, rutinas y otros datos, y queda expuesta a copias o reutilizaciones en contextos distintos. No hace falta afirmar que una fotografía familiar terminará en un uso delictivo para justificar la precaución: basta con que la publicación sea difícil de retirar y el niño no haya podido decidir.

Cuando el niño produce el dinero de la cuenta

El problema es mayor cuando la familia gana dinero con los vídeos. Si una cuenta recibe ingresos por anuncios, colaboraciones, suscripciones o donaciones gracias a que el niño aparece, la familia decide qué se publica y, al mismo tiempo, se beneficia de esas publicaciones.

En algunos canales, la vida diaria se organiza alrededor de los vídeos. Las comidas, las visitas médicas, las crisis y las rutinas de casa se graban porque producen contenido. El niño aparece, atrae a la audiencia y genera ingresos, pero no decide qué se publica ni qué parte del dinero le corresponde.

No hace falta llegar a ese extremo para que exista una injusticia. Basta con que los momentos en los que el niño peor lo pasa sean también los que más dinero generan.

Enseñar a un niño no significa explicar bien el autismo

Publicar vídeos de niños autistas tampoco garantiza que la gente aprenda algo correcto sobre el autismo. Un estudio que analizó vídeos informativos con la etiqueta #Autism en TikTok encontró que el 73 % contenía información inexacta o demasiado general.

Sin contexto, un vídeo de una crisis se interpreta como agresividad; un problema con la comida, como mala conducta; y una sobrecarga, como entretenimiento. Explicar el autismo exige información y contexto. No exige publicar la cara de un niño mientras sufre.

Qué dice la ley en España

En España, los menores tienen derecho al honor, a la intimidad y a su propia imagen. Sus datos personales también están protegidos, y los datos de salud tienen una protección especial. Antes de los 14 años, sus representantes legales toman normalmente las decisiones sobre el tratamiento de sus datos. Pero eso no significa que puedan publicar cualquier cosa. Deben actuar pensando en el interés del menor y respetar su intimidad, su honor y su imagen. Ser su madre o su padre no convierte todos sus momentos en contenido familiar.

A 28 de julio de 2026, el Proyecto de Ley Orgánica para la protección de las personas menores de edad en los entornos digitales seguía en la Comisión de Justicia del Congreso. Además, el 27 de julio se publicó otro proyecto sobre la protección civil del honor, la intimidad y la propia imagen. Este segundo texto propone considerar ilegítima cualquier intromisión que perjudique la dignidad, la reputación o los intereses de un menor, incluso si existe consentimiento suyo o de sus representantes. Los dos son proyectos en tramitación, no leyes vigentes, y su redacción todavía está sujeta a cambios.

La valoración jurídica de una publicación concreta depende de su contenido, su audiencia, el consentimiento, sus efectos sobre el menor y otras circunstancias. Este artículo ofrece información general y no asesoramiento jurídico para un caso particular.

Otros lugares ya han aprobado medidas. Francia regula desde 2020 la explotación comercial de la imagen de menores de 16 años en las plataformas y protege parte de los ingresos que generan. Illinois fue el primer estado de Estados Unidos que reconoció a los menores que aparecen en contenido monetizado el derecho a recibir una parte del dinero.

Una pregunta antes de publicar

No toda fotografía familiar daña a un niño. Tampoco hace falta dejar de hablar de la vida familiar para protegerlo. Pero antes de publicar conviene hacerse una pregunta: ¿querría mi hijo, cuando fuera adulto, que este momento siguiera en internet junto a su nombre y su cara?

También conviene pensar:

  • ¿Estoy contando algo mío o algo que pertenece a la intimidad de mi hijo?
  • ¿Publicaría esta imagen si pudiera verla toda su clase?
  • ¿Aparece durante una crisis, un momento de miedo o una dificultad con la higiene?
  • ¿Estoy enseñando información médica?
  • ¿Podría avergonzarlo o perjudicarlo cuando sea mayor?
  • ¿Puedo contar lo mismo sin mostrar su cara ni identificarlo?
  • ¿Lo publico para informar o porque estos vídeos reciben más visitas?

La familia encuentra información y apoyo sin identificar al niño ni publicar sus crisis, datos médicos o dificultades de higiene.

Cómo hablar de la realidad sin exponerlo

Una familia habla del autismo y cuenta lo que vive sin enseñar los momentos más privados del niño. Algunas opciones son:

  • Contar lo que ha aprendido sin dar datos que lo identifiquen.
  • Compartir recursos, cambios en casa o formas de ayudar que han funcionado.
  • Explicar una situación después, en lugar de grabarla mientras ocurre.
  • Utilizar ilustraciones, fotografías de objetos o escenas preparadas.
  • Evitar nombres, uniformes, colegios, direcciones e informes médicos.
  • Preguntar al niño cuando pueda entenderlo y aceptar siempre que diga que no.
  • No publicar nada que no enseñaría a sus compañeros, a sus profesores o a desconocidos.

Una dificultad se explica después de que ocurra. También se omiten los datos que identifican al niño y se comparten recursos sin publicar el momento en el que no podía decidir.

Preguntas frecuentes

¿Es ilegal subir fotografías de mi hijo a las redes?

No siempre. Depende de la fotografía, de quién la vea, de la edad del menor, de su capacidad para consentir y de si la publicación vulnera su intimidad, su honor, su imagen o la protección de sus datos. Ser su madre o su padre no permite publicar cualquier contenido.

¿Puedo contar públicamente que mi hijo es autista?

El diagnóstico es un dato de salud. Antes de publicarlo, conviene pensar por qué es necesario contarlo, quién tendrá acceso y qué consecuencias tendría en el futuro. Es posible hablar de autismo sin identificar al niño.

¿Qué es el sharenting?

Es la publicación, por parte de madres y padres, de fotografías, vídeos o información sobre sus hijos en internet. Abarca desde una fotografía ocasional hasta una exposición continua de la vida del menor.

¿Publicar una crisis sirve para dar visibilidad?

No hace falta mostrar a un niño mientras sufre para explicar una crisis o una sobrecarga. Publicar ese momento vulnera su intimidad en determinados casos y no garantiza que quien lo vea comprenda mejor el autismo.

¿Y si mi hijo no habla ni expresa que no?

Que no se niegue no significa que esté aceptando. Si no comprende qué ocurrirá con el vídeo o no consigue expresar su decisión, los adultos deben protegerlo más, no menos.

Fuentes

Tosuntaş, Ş. B. et al. (2024). «Sharenting: A systematic review of the empirical literature». Journal of Family Theory & Review. · Azurmendi, A., Etayo, C. y Torrell, A.: estudios sobre sharenting y derechos digitales de los menores en España. · Ammari, T. et al. (2019). «MyAutsomeFamilyLife: Analyzing Parents of Children with Developmental Disabilities on YouTube». Proceedings of the ACM on Human-Computer Interaction. · Ryan (2022). «Stim, Like, and Subscribe: Autistic Children and Family YouTube Channels». · Ruiz-Gómez, A., Marôpo, L. y Jorge, A. (2024). «Between advocacy and commodification on Instagram: A case study of sharenting a child with disabilities». Children & Society. · Estudio publicado en Journal of Autism and Developmental Disorders sobre vídeos con la etiqueta #Autism en TikTok. · Congreso de los Diputados: proyectos 121/000052, sobre protección de menores en entornos digitales, y 121/000103, sobre honor, intimidad y propia imagen (situación comprobada el 28 de julio de 2026). · Agencia Española de Protección de Datos: orientación sobre sharenting, intimidad e imagen de menores. · Ley Orgánica 1/1982; Ley Orgánica 1/1996; Ley Orgánica 3/2018, de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales. · Legislación francesa sobre la explotación comercial de la imagen de menores en plataformas y legislación de Illinois sobre los ingresos de menores que aparecen en contenido monetizado.

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